La Pequeña Locomotora Que No Pudo: Cómo Estamos Preparando a Nuestros Hijos Y a Nosotros Mismos Para La Extinción
By Daniel Quinn / ishmael.org / filmsforaction.org

En un semidocumental reciente, titulado Basura, se le pidió a un ingeniero de eliminación de residuos tóxicos cómo dejar de agobiar al mundo con nuestros venenos. Respondió que “tendríamos que eliminar a toda la gente de la faz de la tierra, porque los seres humanos GENERAN residuos tóxicos, ya sean organismos patógenos que excretan nuestros cuerpos o cualquier otra cosa. Somos tóxicos para la faz de la tierra.”

 

¿Cómo reaccionan intuitivamente a este dictamen? Por favor, levanten la mano si están de acuerdo con que los humanos somos inherentemente tóxicos.

 

Tengo entendido que hay muchos representantes de Pueblos Originarios en esta conferencia. Espero que haya muchos en esta audiencia. Por favor, levanten la mano si pertenecen a un pueblo aborigen. Gracias. Me gustaría hacerles la misma pregunta que le hice hace un momento a todo el grupo. De acuerdo con sus enseñanzas tradicionales, ¿creen que los humanos somos tóxicos por naturaleza para la vida en este planeta?

 

Quienes conocen mi trabajo saben que acaban de demostrar una de mis tesis básicas: que la gente de mi cultura, a quienes denomino Tomadores, tiene una mitología fundamentalmente diferente de la de los Pueblos Originarios, a los que llamo Dejadores. Efectivamente, en la mitología de los Tomadores, los seres humanos son inherentemente tóxicos para el mundo, son seres extraños que nacieron para controlar —y finalmente destruir— el planeta. Tal como en este momento estamos controlando y destruyendo al mundo. En la mitología de los Dejadores, por el contrario, el mundo es un lugar sagrado, y los seres humanos no son ajenos sino que forman parte de ese lugar sagrado. En otras palabras, en la cosmovisión de los Dejadores, las personas pertenecen al marco sagrado del universo tanto como los escorpiones, las águilas, los salmones, los osos o los narcisos...

 

Cuando propuse hablar aquí acerca de cómo nos estamos preparando para la extinción, el organizador de la conferencia se preguntó si este tema no estaba dirigido demasiado exclusivamente a los miembros de “nuestra” cultura —la cultura que llamo Tomadora en mis libros—, la cultura dominante, que se encuentra dondequiera que la comida se guarda bajo llave y la gente tiene que trabajar para conseguirla. Creo que es importante que escuchen mi respuesta a esta pregunta.

 

La realidad es que aún los miembros de los Pueblos Originarios son bombardeados constantemente con los mensajes de la cultura Tomadora por medio de libros, carteles, películas, periódicos, revistas, radio y televisión, y por supuesto —por sobre todo— a través de las escuelas.

 

En otras palabras, en realidad no importa si se pertenece o no a nuestra cultura. Toda persona que vea televisión, vaya al cine, escuche la radio y vaya a nuestras escuelas, le guste o no, se está preparando para la extinción.

 

Pero, ¿qué quiero decir realmente con esta afirmación indignante? Lo voy a explicar en pocas palabras y luego ofreceré algunos ejemplos. En resumen: Nos han enseñado —y por lo tanto le enseñamos a nuestros hijos— que, individualmente, somos todos prácticamente incapaces de salvar el mundo. Es decir, a menos que por casualidad tengamos el poder de un líder mundial —el poder de un Clinton o un Yeltsin—. O que controlemos una vasta corporación multinacional como Shell o Du Pont. O que controlemos una gran organización como la Cruz Roja o Greenpeace o el Fondo Mundial para la Naturaleza. Nos han enseñado (y por lo tanto le enseñamos a nuestros hijos) que, como individuos, lo único que podemos hacer es esperar que OTRAS personas —gente PODEROSA— salven al mundo. Claro que podemos poner nuestro granito de arena. Podemos reducir, reutilizar y reciclar, y esto es muy bueno y muy útil —pero los cambio globales realmente importantes y de mayor alcance, deben venir de ARRIBA—. Sólo tenemos que aguardar y tener esperanza de que salga bien. Es como si nos quedáramos mirando cómo se quema la casa de un vecino porque nos han dicho que este es un problema que debemos dejar en manos de PROFESIONALES. No debemos interferir. Si los bomberos entrenados nunca llegan, entonces la casa tendrá que reducirse a cenizas...

 

Desde que apareció mi novela Ismael en 1992, he recibido más de cinco mil cartas de lectores —muchos de ellos jóvenes—. Cuando me escriben, no me preguntan “¿Por qué me han enseñado que individualmente no puedo hacer nada?” Esta enseñanza se revela de una manera más sutil. Me dicen, “Como no soy un líder mundial y no controlo una corporación multinacional o una gran ONG, estoy buscando una carrera que me permita causar un impacto positivo. Estoy pensando en estudiar ingeniería ambiental o algo así. ¿Tiene alguna sugerencia?” Si no se lo piensa mucho, nos puede dar la impresión de que este joven está bien encaminado. Pero escuchen bien lo que realmente nos está diciendo. Los ingenieros ambientales pueden causar un impacto positivo —pero los ingenieros eléctricos no —. Los ingenieros ambientales pueden causar un impacto positivo —pero no los optometristas—. Ni los profesores de castellano. Ni los conductores de autobuses. Ni los albañiles. Ni los Carteros. Ni los empleados de las tiendas de comestibles. Los ingenieros ambientales pueden causar un impacto positivo —pero los alfareros no —. Podría pasarme todo el día ampliando esta lista —la lista de ocupaciones en las que la gente no puede lograr un cambio positivo—. ¡Incluye prácticamente a todas las profesiones!

 

Esto es algo que me escribió en una carta una joven de  Knoxville, Tennessee: “Estudio diseño gráfico desde que terminé la escuela secundaria en el ‘86, y todavía sigo en lo mismo, pero estoy considerando cada vez más en serio carreras como política ambiental, política nacional y mundial, y otras similares. Siempre he despreciado y odiado la política.” ¿Se dan cuenta de lo que está diciendo? “Estoy pensando en seguir una carrera que siempre he despreciado y odiado” —porque no puede causar un impacto positivo como diseñadora gráfica. No se pregunta: “¿Qué es lo que hago realmente BIEN?” No importa que pueda ser excelente como diseñadora gráfica y horrible como política. Está convencida de que los diseñadores gráficos no pueden causar un impacto positivo. Hay muy, muy poca gente que puede dejar su huella positiva.

 

Aquí hay otro pasaje, de un joven en Waco, Texas: “Aprecio los ideales de su novela, y  me comprometo a ayudar a comenzar algo. Tengo una pregunta que creo que sólo usted puede responder, y es la siguiente: ¿Qué puedo hacer para encontrar un trabajo que se adhiera a, y promueva los principios de su novela? Es lo que he estado buscando toda mi vida.”

 

Le respondí: “TODOS debemos causar un impacto positivo. Sin importar de qué trabajemos. No puede ser que la gente diga: ‘Yo sólo cocino hamburguesas, así que no puedo causar un impacto positivo.’ ‘Yo sólo conduzco un taxi, así que no puedo causar un impacto positivo.’ ‘Yo sólo vendo seguros, así que no puedo causar un impacto positivo.’ ‘Yo sólo soy un mecánico de automóviles, así que no puedo causar un impacto positivo.’ ‘Yo sólo soy un contador, así que no puedo causar un impacto positivo.’ Concéntrate en hacer lo que sabes hacer mejor, porque es ahí donde tendrás la mayor influencia en el futuro del planeta.”

 

Apuesto a que casi todos ustedes eran idealistas de jóvenes —o sus amigos y profesores los consideraban idealistas—. Si fueron jóvenes idealistas, por favor, levanten la mano. Bueno. Ahora díganme, ¿a cuántos de ustedes en su juventud un padre o un maestro les dijo, “¿Quién te crees que eres? TÚ no puedes cambiar el mundo.”

 

Créanme, nada ha cambiado desde que ustedes eran jóvenes. Esto me lo escribió un estudiante de décimo grado en Filadelfia: “Acabo de terminar Ismael, y quiero agradecerle por haber escrito de un modo tan acabado y claro lo que yo y tantas otras personas hemos pensado sólo en fragmentos. Pero cuando trato de hablar de estas cosas, con sólo catorce años, me dicen que soy un tonto y que “quiero dármelas de hippie”.

 

Esto es de la misma estudiante de diseño que pensaba que tenía que dedicarse a la política para causar un impacto positivo: “Mi tutor me dijo con un tono de superioridad que soy joven y tengo entusiasmo, cuando le conté que quería entrar en política ambiental y cambiar la percepción de la gente y la manera de hacer las cosas. Quiero demostrarle que está equivocado...”

 

Pero no les cuento esto para que se cuiden de desalentar el idealismo y el entusiasmo en los jóvenes. Estoy seguro de que nadie aquí haría eso —si no, no estarían aquí—. Lo que pretendo es que comprendan mejor lo que sucede cuando los adultos les dicen a los jóvenes “TÚ no puedes cambiar el mundo.”

 

“Quiero demostrarle que está EQUIVOCADO”, dice la estudiante de diseño. ¿Equivocado sobre qué? Ella ES joven y tiene entusiasmo, así que no puede ser eso. ¿De qué están hablando realmente? Lo que su tutor oye es algo así como: “Yo no voy a terminar como USTED que nunca causó un impacto positivo en toda su vida. Bueno, yo no voy a ser como usted. Voy causar un impacto positivo.” Y, por supuesto, él  se defiende de la única manera que conoce. No le puede decir: “Mira, aunque no me creas, los tutores estudiantiles causan un GRAN impacto positivo.” ¡Probablemente ni él se lo crea! ¿Cómo se lo va a creer si le han dicho desde niño que sólo la gente “importante” puede causar un impacto positivo? Como no le puede decir esto, en cambio le dice, “Créeme que VAS a terminar como yo. Lo que tienes no son ideales, son sólo ilusiones. Nada de lo que hagas causará un impacto positivo, y la vida me va a dar la razón.” En realidad tiene interés en desalentar a los estudiantes, en prepararlos para la extinción. ¡El fracaso de sus estudiantes probará que él estaba en lo cierto! El pesimismo corre por las venas de nuestra cultura y se transmite como un virus en todas nuestras comunicaciones —incluyendo las que están dirigidas a los Pueblos Originarios—. Hace tres años, un joven estudiante Navajo en Dartmouth logró localizar mi número de teléfono aunque no figuraba en la guía. Me dijo que a lo largo de los años se había ido alejando de sus raíces culturales. Luego leyó Ismael. Me llamó porque quería contarme personalmente su reacción: “Me has devuelto mi religión.” Le pedí que me explicara por qué se sentía así, porque, por supuesto, mi libro no dice nada en particular sobre la religión Navaja. Me dijo: “Crecí entre mi gente y me enseñaron que los seres humanos son una bendición para el mundo. Pero cuando viví entre tu gente me enseñaron a pensar que los seres humanos son una maldición para el mundo. No me había dado cuenta de esto hasta que leí tu libro, por eso digo que me has devuelto mi religión.”

 

Esto me lleva de nuevo al punto de partida, con la evaluación del ingeniero de eliminación de residuos al que se le preguntó cómo podemos dejar de envenenar el mundo. Dijo que “Tendríamos que eliminar a TODA LA GENTE de la faz de la tierra, porque los seres humanos GENERAN residuos tóxicos, ya sean organismos patógenos que excretan nuestros cuerpos o cualquier otra cosa. Somos tóxicos para la faz de la tierra.”

 

Me gustaría dedicar unos minutos a explorar esta extraña mitología, tan central en nuestra cultura, y su impacto en nuestros niños y su visión del futuro.

 

Para empezar, ¿es mitología? Sin duda. Los seres humanos no generan más residuos tóxicos que los elefantes o los saltamontes. Y los organismos que excretan nuestros cuerpos no son más patógenos que los que excretan los cuerpos de los gorriones o salmones. Lo que dijo este ingeniero era pura mitología, porque la verdad biológica es que los seres humanos vivieron en este planeta durante tres millones de años sin ser más nocivos que nuestros ancestros primates.

 

El trabajo de mi vida ha sido precisar y derribar la mentira que origina esta mitología de nuestra cultura. Está presente en la manera en que contamos la historia humana misma dentro de nuestra cultura. Se la puede ver perpetuada en un libro de texto tras otro, y si prestan atención, verán que se repite todas las semanas —en algún artículo de periódico o revista, en un documental de televisión—. Así se relata día tras día la historia humana en nuestra cultura, reducida a sus componentes esenciales: “Los seres humanos aparecieron entre los seres vivos hace unos tres millones de años. Cuando aparecieron, eran recolectores, al igual que sus ancestros primates. A lo largo de los milenios, estos recolectores añadieron la caza a su repertorio y así se convirtieron en cazadores-recolectores. Los seres humanos vivieron como cazadores-recolectores hasta hace unos diez mil años, cuando abandonaron esta vida por la vida agrícola, estableciéndose en aldeas y comenzando a construir la civilización que hoy se extiende por el mundo”. Esa es la historia que aprendieron nuestros hijos, pero tiene un pequeño problema: que no fue así en absoluto. Hace diez mil años, no fue la HUMANIDAD la que cambió la vida de caza y recolección por la vida agrícola y comenzó a construir la civilización; fue una sola cultura. Una entre diez mil culturas hizo esto, y las otras nueve mil novecientos noventa y nueve continuaron exactamente igual que antes. Con el correr de los milenios, esta cultura, nacida en el Medio Oriente, fue invadiendo las culturas que la rodeaban, llegando finalmente al Nuevo Mundo hace unos quinientos años. Momento en el que comenzó también a invadir las culturas nativas de ESTA parte del mundo. Es una perogrullada que la historia la escriben los que ganan, y que la historia que aprenden nuestros niños es la historia tal como la contamos NOSOTROS. Y la mentira central de esta historia es decir que la HUMANIDAD MISMA hizo lo que, en realidad, hicimos sólo NOSOTROS.

 

Bueno, aún si esto es así, ¿qué importancia tiene? Es importante porque todo lo que dijo el ingeniero es falso en cuanto a la HUMANIDAD, pero es absolutamente cierto en cuanto a esta cultura conquistadora. Los SERES HUMANOS no generan desechos tóxicos —pero sí nuestra cultura—. Los SERES HUMANOS no son tóxicos para la faz de la tierra —pero nuestra cultura sin duda lo es—.

 

Es sumamente importante que nuestros hijos sepan que la maldición que hay que eliminar de la tierra no es la humanidad. Es importante que sepan que quizá nuestra cultura esté condenada al fracaso, pero no nuestra especie. Es importante que entiendan que el mundo no se está destruyendo porque somos HUMANOS. Se está destruyendo porque vivimos de ESTE MODO. Es importante que sepan que los seres humanos HAN vivido de otras maneras, porque es importante que sepan que los seres humanos PUEDEN vivir de otras maneras. De lo contrario, sólo podrán repetir la mentira que dijo el ingeniero: Que la única manera de detener el envenenamiento del mundo es deshacerse de la humanidad.

 

Un estudiante universitario de Arkansas me escribió lo siguiente: “Estaba parado a la vera del río con mis compañeros de la clase de geología en el Gran Cañón del Colorado y, con la base rocosa de mil quinientos millones de años ante mis ojos, la historia de la humanidad se encontraba una milla hacia arriba, en el polvo del borde sur del cañón. Extrañamente, a mis compañeros les costaba comprender y aceptar el concepto de los tiempos geológicos. A mí, la realidad me abrumó. Desde ese momento, a menudo me ha parecido que la extinción del Homo sapiens es la ÚNICA solución para la vasta extensión, dominación, consumo y destrucción infligida en el mundo por esta especie”.

 

Esto es de un estudiante de noveno grado de Eugene, Oregón: “Recientemente, después de leer su libro por segunda vez, hablé con algunos amigos acerca de sus teorías sobre la vida, el universo, y otros temas. Algunos creen que habría que matar a todos los seres humanos (lo cual, admito, sería una manera de lidiar con el asunto)”.

 

Esto lo envió un estudiante de postgrado de la Universidad de Oregón: “Estaba en un acuario con mi hija poco después de releer Ismael, mirando el tanque de las medusas. Me pregunté si el mundo no estaría mejor si la evolución se hubiese detenido en estos seres majestuosos, sin espina dorsal, sin cerebro... A pesar de los grandes esfuerzos por resucitar el cáncer que es la humanidad, en realidad vamos hacia la extinción, y ciertamente puede que sea lo mejor.”

 

Como pueden ver, estos estudiantes han aceptado completamente la desaparición de la vida humana. Es imperioso que dejemos de enviar a nuestros hijos a salvar al mundo, cuando primero les inculcamos la destructiva creencia de que los humanos son inherentemente tóxicos. Porque si realmente creen esto, entonces realmente estarán listos para la extinción. Debemos estar muy atentos de no enseñarles a nuestros hijos —incluso veladamente— que lo mejor que le puede pasar al mundo es la extinción de la raza humana.

 

Sé muy bien que esta charla va a generar al menos una pregunta difícil, y me gustaría contestarla de antemano.

 

He dicho —no sólo aquí, sino en miles de cartas y una docena de discursos como este— que no hay nadie que no pueda hacer algo para cambiar el mundo. Creo que debemos transmitirle este mensaje a nuestros hijos. No sólo necesitamos ingenieros ambientales aplicados. Necesitamos abogados aplicados, médicos aplicados, cocineros aplicados, vendedores aplicados, constructores de viviendas aplicados, gente aplicada dentro de la industria, periodistas aplicados, empresarios aplicados, veterinarios aplicados, corredores de bolsa aplicados y carpinteros aplicados. Incluso necesitamos gente buena en lugares malos. De hecho, particularmente hacen falta personas buenas en lugares malos. Por ejemplo, la industria del cine es excesivamente contaminante y derrochadora. ¿Significa que la gente consciente debe evitarla? ¡No! ¡Todo lo contrario! No debemos dejar que las industrias contaminantes y derrochadoras queden enteramente en manos de gente a la que el mundo le importa un comino. Por eso es que digo y repito que no hay ningún lugar en el que no pueda hacerse algo bueno. Y es por eso que les digo a los jóvenes: “No traten de dedicarse a trabajos nobles, trabajen en lo que mejor saben hacer. Porque es ahí es donde van a tener el mayor impacto positivo en el mundo.”

 

La gente a menudo me pregunta si practico lo que predico, y lo que les digo es que “estoy haciendo exactamente lo que predico. Lo que predico es, UTILIZA TU TALENTO PARA HACER LO QUE PUEDES HACER. Y eso es lo que hago. Haciendo lo que mejor sé hacer, llego a cientos de miles de personas en todo el mundo que luchan por salvar la tierra”.

 

Les pregunto, “¿Te parece que me debería haber dedicado a la ingeniería ambiental? ¡Hubiese sido un PÉSIMO ingeniero ambiental”!

 

Y entonces la gente normalmente me dice: “Bueno, eso es genial para TÍ, pero ¿qué debería hacer yo? Soy sólo una modista, un albañil, una violinista, un masajista, un director de coro, un asfaltador —llenen el espacio en blanco—.

 

Espero que se den cuenta de que estoy hablando hay un problema EDUCATIVO. Tenemos que dejar de enseñarle a nuestros hijos que sólo OTRAS personas tienen valor. Creo que debemos priorizar el objetivo de enseñarle a nuestros hijos que no sólo la gente con determinados trabajos va a salvar al mundo. Si el mundo se salva, será porque la totalidad de sus seis mil millones de habitantes dejaron de esperar que ALGUIEN se haga cargo. Si el mundo se salva, será porque la gente por fin se dio cuenta de que la salvación del mundo no es un trabajo para especialistas. Es un trabajo que todos PODEMOS hacer —y que todos DEBEMOS hacer—.

 

Gracias por escucharme.

 

Discurso de Daniel Quinn el 16 de agosto de 1997 durante la conferencia anual de la Asociación Norteamericana de Educación Ambiental, Vancouver, Columbia Británica.

 

 

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